Qué difícil es decir no

Hoy he tenido que ir a buscar a mi hijo de 10 años al colegio porque le molestaba una muela que le está saliendo.

Me he acercado al centro para darle una medicación que le aliviara y en espera de que le hiciera efecto, nos hemos tomado una bebida caliente en la cafetería.

Le pregunté que si quería algo de comer y me contestó que no hacía falta, que estaba acostumbrado a no tomar nada a media mañana.

Hay que aclarar que somos de esos padres que optan por la responsabilidad de cada uno.

En el caso del desayuno, tienen libertad para que cojan ellos mismos y se preparen lo que les apetezca llevar al día siguiente a media mañana, sé que esto nos podría haber generado un problema de poca variedad, pero no fue así, simplemente optaron por no llevarse nada.

Volviendo a la cafetería, como era la hora del recreo empezaron a llegar niños para comprarse algo que llevarse a la boca y mi hijo me fue detallando paso por paso todo lo que sabía que pasaría. Verás como ahora todos tienen que hacer cola…., tienen que darse prisa en venir a la cafetería porque se acaban los ““paninis””…. Y prosiguió diciendo, Yesenia es rica, siempre se trae 10 euros e invita a sus amigos a “paninis”, a mi no me invita nunca, bueno, alguna vez, pero yo no acepto.

Escuchándole, tengo que decir que me dieron ganas de decirle que a partir de ahora le daría dinero todas las mañanas para sus “paninis”.

Pero no, afortunadamente me repuse de esa debilidad y digo bien, me repuse.

Reflexionando me di cuenta que lo fácil era darle lo que quisiera, que lo difícil era decir no.

La misma reflexión se puede extrapolar a nuestros clientes, lo fácil es decir si a todas sus expectativas pero ¿estamos seguros de poder cumplirlas?.

Esa lección la tienen muy bien aprendida los médicos, para ellos los pacientes siempre están muy graves y si luego no es nada, de la alegría que te llevas encima le compras un presente y te olvidas enseguida de los tres meses que has estado sin dormir de la preocupación. Ahora, como te digan que no es nada y luego te detecten una dolencia grave no pierdes tiempo en ir a denunciarlo.

No maleduquemos, seamos serios, conozcamos las expectativas de nuestros clientes y si creemos que difieren de las posibilidades reales hagámoselo saber. Agradecerá nuestra franqueza y nos ganaremos su confianza. De lo contrario lo único que ganaremos será un  posible impagado y/o un cliente descontento.

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